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¿Qué es la dependencia emocional? Cuando tu bienestar depende cada vez más de la otra persona

¿Qué es la dependencia emocional? Cuando tu bienestar depende cada vez más de la otra persona

Son las 18:37.

Hace dos horas enviaste un mensaje.

En realidad, nada especial.

Un mensaje completamente normal.

Y, aun así, vuelves a mirar el teléfono.

No hay respuesta.

Lo dejas a un lado.

Dos minutos después vuelves a cogerlo.

Quizás la otra persona simplemente no tenga tiempo ahora.

Claro.

Lo sabes.

Y, aun así, algo empieza a trabajar en tu cabeza.

¿He escrito algo incorrecto?

¿Ha pasado algo?

¿Está enfadado?

¿Debería haber formulado el mensaje de otra manera?

Lo lees una vez más.

Y otra vez.

Hace tres horas tu día estaba, en realidad, bastante bien.

Ahora tu estado de ánimo depende de repente de si aparece un mensaje en esa pequeña pantalla.

Quizás conozcas momentos así.

No significan automáticamente que tengas dependencia emocional. Todas las personas deseamos cercanía, atención y seguridad por parte de quienes son importantes para nosotras.

Puede volverse problemático cuando tu equilibrio interior depende cada vez más de cómo se comporta otra persona contigo.

Ahí es precisamente donde vale la pena observar con más atención.

¿Qué significa realmente la dependencia emocional?

A veces la dependencia emocional se confunde con un amor especialmente intenso.

Pero amor y dependencia no son lo mismo.

Estar vinculada a alguien en una relación significa permitir la cercanía, ser importantes mutuamente y necesitar apoyo en determinados momentos.

La dependencia emocional, en cambio, puede aparecer cuando la relación empieza a decidir cada vez más lo segura, valiosa o completa que te sientes.

La otra persona te escribe y sientes alivio.

Se distancia y te inquietas.

Te confirma y te sientes valiosa.

Te critica y de repente empiezas a dudar de ti.

Poco a poco algo se desplaza.

La pregunta deja de ser:

«¿Cómo me siento en esta relación?»

Y cada vez con más frecuencia pasa a ser:

«¿Qué tengo que hacer para que esta relación continúe?»

Y es precisamente ahí donde una persona puede empezar a perderse de vista a sí misma.

Cuando el amor y el miedo viven uno al lado del otro

La dependencia emocional no se reconoce necesariamente porque alguien sea infeliz todo el tiempo.

Eso es parte de lo que a veces hace tan difícil identificarla.

Porque también hay momentos bonitos.

Cercanía.

Ternura.

Recuerdos compartidos.

Quizás incluso la sensación de no haber amado nunca a nadie con tanta intensidad.

Y, al mismo tiempo, existe el miedo.

Miedo a que te abandonen.

Miedo a no ser suficiente.

Miedo a decir algo incorrecto.

Miedo a que la otra persona se distancie.

Por eso pueden coexistir dos sentimientos aparentemente contradictorios:

«Esta relación no me hace bien.»

y

«No puedo imaginarme sin esta persona.»

Quien vive esto a veces siente vergüenza.

Pero la vergüenza ayuda muy poco.

Es mucho más útil preguntarse:

¿Qué me mantiene emocionalmente tan unida a esta relación?

¿Cómo puedo reconocer la dependencia emocional?

No existe una única conducta que signifique automáticamente que hay una dependencia emocional.

Lo importante es el patrón.

Quizás te reconozcas en algunas de estas situaciones:

Tienes mucho miedo de perder a la otra persona

Incluso pequeños cambios pueden provocar una gran inseguridad.

Un mensaje más corto.

Un tono diferente.

Menos atención.

De repente comienza el carrusel de pensamientos.

Tu estado de ánimo depende mucho del comportamiento de la otra persona

Una frase cariñosa puede salvarte el día entero.

La distancia puede arruinarlo.

Tu equilibrio emocional se encuentra cada vez más fuera de ti.

Necesitas confirmación con frecuencia

¿Todavía me quieres?

¿Está todo bien?

¿Estás enfadado conmigo?

La confirmación tranquiliza, pero a veces solo durante un breve periodo.

Después vuelve a comenzar la inseguridad.

Te adaptas cada vez más

Quizás ya no digas lo que realmente piensas.

Evitas determinados temas.

Cambias tus planes.

Renuncias a cosas que eran importantes para ti.

No necesariamente porque alguien te lo exija expresamente.

Sino porque tienes miedo de perder la cercanía.

Tomar decisiones se vuelve de repente difícil

¿Qué pensará él de esto?

¿Se sentirá decepcionada?

¿Debería preguntar antes?

La consideración hacia la otra persona puede convertirse poco a poco en la necesidad de pedir permiso.

Y en algún momento quizás te des cuenta:

Sé bastante bien lo que quiere la otra persona, pero apenas sé lo que quiero yo.

Justificas cosas que en realidad te hacen daño

Le cuentas a una amiga un conflicto y de repente te escuchas diciendo:

«Seguro que no quiso decirlo así.»

«Simplemente tuvo un mal día.»

«En realidad él es diferente.»

Por supuesto, todas las personas tienen días malos.

Por eso lo decisivo no es un momento aislado.

Lo decisivo es lo que se repite.

«Pero yo amo a esta persona»

Sí.

Puedes hacerlo.

La dependencia emocional no significa que tus sentimientos sean falsos.

Y quizás este sea uno de los puntos más importantes.

Puedes amar a alguien y, al mismo tiempo, reconocer que determinadas dinámicas no te hacen bien.

Puedes tener recuerdos bonitos y, aun así, necesitar límites.

Puedes echar de menos a una persona y, aun así, saber que necesitas distancia.

Los sentimientos no siempre son una cosa o la otra.

A veces están presentes al mismo tiempo.

Amor.

Decepción.

Esperanza.

Miedo.

Rabia.

Añoranza.

Precisamente esa mezcla puede hacer tan difícil encontrar claridad.

¿Por qué puede surgir la dependencia emocional?

No existe una única explicación.

Las personas llegamos con experiencias, patrones de relación, necesidades e inseguridades diferentes.

A veces alguien aprendió muy pronto que la cercanía no era algo seguro.

A veces el propio valor ha pasado a depender mucho de sentirse necesaria o recibir confirmación.

A veces la dependencia también se desarrolla lentamente dentro de una relación.

Y a veces todo comienza con algo profundamente humano:

el deseo de ser amada.

Por eso no quiero considerar la dependencia emocional como una debilidad personal.

Es más interesante preguntarse:

¿Qué necesito con tanta urgencia de esta persona que cada vez me escucho menos a mí misma?

Esta pregunta puede resultar incómoda.

Pero también puede abrir una puerta.

Un pequeño momento de café ☕

Imagina que estuviéramos sentadas juntas en una cafetería.

Tú pides un capuchino.

Yo, un café.

Y entonces te pregunto:

«¿Qué quieres?»

Probablemente no responderías:

«Un momento, primero tengo que preguntarle a mi pareja.»

Con un café nos parecería absurdo.

Y, sin embargo, exactamente ese patrón puede aparecer en áreas importantes de la vida.

¿Qué quiero hacer el fin de semana?

¿A quién quiero ver?

¿Qué quiero ponerme?

¿Cuándo necesito descansar?

¿Qué quiero profesionalmente?

¿Qué acepto dentro de una relación?

Cuanto más orientamos nuestras decisiones a las reacciones de otras personas, más difícil puede resultar escuchar nuestra propia voz.

Por eso la autonomía a veces comienza de una forma sorprendentemente pequeña.

Quizás simplemente con la pregunta:

«¿Qué quiero hoy?»

Sin tener que justificarlo.

El amor necesita conexión, pero también dos personas independientes

Una relación saludable no significa que cada persona tenga que ser siempre independiente.

Nos necesitamos.

Podemos echarnos de menos.

Podemos buscar consuelo.

Podemos apoyarnos mutuamente.

Autonomía no significa distancia.

Significa:

Puedo estar vinculada a ti sin tener que abandonarme a mí misma.

Mis necesidades pueden existir.

Mis amistades pueden existir.

Mi opinión puede existir.

Mis límites pueden existir.

Y también puede existir mi no.

El amor no debería exigir que te hagas cada vez más pequeña para que la relación pueda continuar.

Una pregunta para observarte

Si quieres, tómate hoy cinco minutos.

No para analizar toda tu relación.

Solo para esta pregunta:

¿Hasta qué punto depende mi tranquilidad interior de cómo se comporta otra persona conmigo?

Después puedes completar tres pequeñas frases:

Me siento especialmente insegura cuando…

Suelo adaptarme cuando…

Me gustaría decidir por mí misma…

Escribe de forma espontánea.

No tienes que juzgar nada.

A veces la claridad no comienza con una respuesta.

Sino cuando por fin volvemos a hacernos una pregunta sincera.

El camino de regreso a ti

Si te has reconocido en este artículo, hoy no necesitas tomar una gran decisión.

No se trata de terminar una relación inmediatamente.

Y tampoco se trata de juzgarte por tus sentimientos.

Quizás el primer paso sea simplemente volver a percibir:

¿Qué siento?

¿Qué necesito?

¿Qué quiero?

Cuanto más vuelva tu atención hacia ti, menos tendrá que depender tu equilibrio interior exclusivamente de otra persona.

Y quizás, en algún momento, una pregunta empiece a cambiar.

De:

«¿Qué tengo que hacer para que no me abandones?»

a:

«¿Qué necesito para no perderme a mí misma?»

Quizás sea precisamente ahí donde comienza tu camino de regreso a ti.

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